lunes, 30 de mayo de 2011

La Escuela en Sociedad del Siglo XXI

Nos encontramos en una sociedad que se caracteriza por albergar en su interior profundas contradicciones. Por un lado, parece imponerse una tendencia homogeneizadora que nos exige ajustarnos a un patrón socialmente valorado como positivo y adecuado. Así, todos tratamos de responder a las expectativas que despertamos, procurando no ''desentonar gravemente'' en nuestro contexto social. 
Por otro, cuando sometemos a un análisis profundo nuestro entorno próximo y lejano, se advierte la existencia de comportamientos, rutinas y formas de vida totalmente diferentes. Aunque en determinadas circunstancias se reconoce la riqueza que este intercambio pueda suponer, en otras muchas surgen conflictos y desequilibrios provocados por la presencia de formas culturales que nos resultan desconocidas o poco familiares. En general, estas situaciones suelen salvarse mediante la imposición de las pautas de la cultura dominante.
Lo cierto es que, las interrelaciones que pueden establecerse entre estos grupos que han sido socializados de modo diferente, no siempre resultan sencillas. De hecho, históricamente ha existido un interés manifiesto en conocer y desarrollar explicaciones teóricas que permitan justificar racionalmente la superioridad o inferioridad de las culturas.
Así, puesto que desde todos los ámbitos se advierte que vivimos en una sociedad cada vez más globalizada, donde existe una importante movilidad de personas, parece lógico pensar que desde la escuela se debe afrontar el reto de que los alumnos pertenecientes a culturas minoritarias, se sientan integrados en sus centros con sus compañeros. 

Si los alumnos son verdaderamente el proceso de enseñanza-aprendizaje, la escuela debe asumir el reto de conseguir la integración en la comunidad, respondiendo adecuadamente a las distintas referencias sociales, escolares y culturales que poseen dichos alumnos. Se trata de evitar que perciban que la escuela tiene unas pautas de comportamiento y fines totalmente alejados de sus intereses o presupuestos anteriores.
Por tanto, el planteamiento multicultural exige una perspectiva global y amplia, no tan centrada en la transmisión de determinados contenidos, sino también en la generación de una actitud, de unas pautas de comportamiento que no tienen por qué aparecer vinculadas a ningún grupo en especial. Se trata de desarrollar actitudes de respeto y valoración de la diferencia, como elementos centrales de nuestras relaciones con los demás, y más específicamente en el marco escolar.
Se pretende la transformación social mediante la liberación de los grupos minoritarios, oprimidos y a la eliminación de las discriminaciones institucionales, viendo en la escuela una agencia para la promoción de la acción política. Se pasa de una preocupación por las diferencias culturales, a un énfasis en la forma en que tales diferencias se utilizan para albergar la desigualdad.
En definitiva, la escuela tiene a su disposición una gran variedad de posibilidades para conseguir que las relaciones entre culturas sean cada vez más satisfactorias. Especialmente, en las últimas posturas señaladas, que parten de un respeto hacia todas las manifestaciones culturales, puede advertirse la responsabilidad que la institución escolar asume en cuanto dotación de una serie de actitudes tolerantes y respetuosas que deberán ser mantenidas durante la edad adulta, en cuanto a su acogida e inserción de los recién llegados, la educación de los Derechos Humanos y, en suma, la aceptación de la diversidad de las culturas. 

Tema 1: RELACIÓN ENTRE CONTEXTO Y ESCUELA
Tecnología, educación y sociedad. 

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