Desde que el hombre es hombre ha sentido la necesidad de comunicar, poner en común conocimiento ideas o conceptos. En un primer momento la comunicación, la transmisión del conocimiento, se realizaba por vía la palabra, el boca a boca. Los ciegos, juglares y demás difusores de la tradición oral han sido los que han propiciado que las mismas historias y personajes se den en toda la geografía española.
En este momento de la historia, como decimos, no existe ningún documento escrito, tan sólo las leyendas que han pasado de generación en generación.
No es hasta la aparición de la imprenta de Gutenberg cuando ese conocimiento multicultural y espontáneo se recoge por escrito en papel. Esto introduce posibilidades como recoger esos mensajes en un soporte que aporte perdurabilidad a lo largo de los años. Por el contrario, la multicuturalidad y riqueza de los mensajes se ven constreñidos al contenido recogido en las dimensiones del papel, que a su vez es un mensaje globalizado con posibilidad de traspasar las fronteras naturales y del idioma, mediante la traducción de los mismos. De esta manera, pasamos así de la leyenda popular a un relato más digerible para el público, desde una visión general. Así, mediante este cambio se pasa de lo local a lo global.
Las bases para este pensamiento globalizado vienen a ser reforzadas con la aparición de Internet, allá en los años 80. Es la llamada Sociedad de la Información, en la cual se comparten unos temas comunes con la globalidad de los usuarios de la red. No obstante y según se mire, surge un problema o una ventaja, y es que, al no contar con unas reglas del juego en lo que se iba a configurar como la herramienta de intercambio de conocimientos más potente y eficaz entre universidades (este al menos era el planteamiento inicial de Internet); no existen mecanismos de control sobre la información compartida con los demás usuarios de la red.
La idílica aldea de McLuhan se trasnforma así en lo que J. Echevarría denominó Telépolis, cuyas bases las componen la tecnocracia y la sociedad de consumo, fruto de ello fue el auge y ocaso de las .COM. Telépolis es una comunidad de auténticos extraños donde todo se ha de poner en tela de juicio. Al igual que la energía, Intenet ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. Esta situación cambia con la llegada de las llamadas Web 2.0 y la Sociedad del Conocimiento. Los postulados de la nueva Sociedad del Conocimiento vienen a resumirse en la selección por la información relevante y de calidad, descomponer los conocimientos preesatblecidos y hacerlos propios, mediante su deconstrucción; así como pasarlo por un tamiz donde lo que predomine sea la producción del conocimiento y no el interés tecnológico, que el fondo esté por encima de la forma. Las llamadas Web 2.0 facilitan estas ideas ya que se pasa de un modelo en el que un webmaster o generador de contenidos creaba éstos para ser consumidos por unos usuarios pasivos, meros recpetores de los mensajes; a un nueva construcción del conocimiento en la que el sitio web es un foro en el que se dan cita los usuarios consumidores, el webmaster, así como aquellos usuarios contribuyentes o generadores de contenidos y con permisos para publicar en estas webs.
En concreto, puede decirse que:
Sociedad de Información y Sociedad de Conocimiento son dos conceptos que a menudo son utilizados de una manera acrítica.
La Sociedad de la Información hace referencia a la creciente capacidad tecnológica para almacenar cada vez más información y hacerla circular cada vez más rápidamente y con mayor capacidad de difusión. Así, es aquella en la que la información y el conocimiento tiene un lugar privilegiado en la sociedad y en la cultura, de esta se desprenden apreciaciones laxas en las cuales la creación, distribución y manipulación de la información forman parte importante de las actividades culturales y económicas. Es vista como la sucesora de la sociedad industrial.
Relativamente similares serían los conceptos de sociedad post-industrial (Daniel Bell), posfordismo, sociedad postmoderna, sociedad del conocimiento, entre otros. Norbert Wiener, creador de la cibernética, fue el que anuncio el advenimiento de una “Sociedad de la Información” cuya base organizativa, para el, era la circulación sin trabas de la información, a la que consideraba una nueva materia prima.
La noción de sociedad del conocimiento fue utilizada por primera vez en 1969 por un autor austríaco de literatura relacionada con el "management" o gestión, llamado Peter Drucker, y en el decenio de 1990 fue profundizada en una serie de estudios detallados publicados por investigadores como Robin Mansel o Nico Sthel.
Las sociedades de la información emergen de la implantación de las tecnologías de información y comunicación (TIC) en la cotidianeidad de las relaciones sociales, culturales y económicas en el seno de una comunidad, y de forma más amplia, eliminando las barreras del espacio y el tiempo en ellas, facilitando una comunicación ubicua y asíncrona.
La eficacia de estas nuevas tecnologías que actúan sobre elementos tan básicos de la persona como son el habla, el recuerdo o el aprendizaje, modifica en muchos sentidos la forma en la que es posible desarrollar muchas actividades propias de la sociedad moderna.
Sin embargo, la información no es lo mismo que el conocimiento. La información se compone de hechos y sucesos, mientras que el conocimiento se define como la interpretación de dichos hechos dentro de un contexto, y posiblemente con alguna finalidad.
Por esto, la Sociedad del Conocimiento se refiere a la apropiación crítica y selectiva de la información protagonizada por ciudadanos que saben qué quieren y como aprovechar la información, y por tanto saben de qué pueden y deben prescindir.
Tema 1: RELACIÓN ENTRE CONTEXTO Y ESCUELA
Tecnología, educación y sociedad. 

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